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El narcisismo, es un grave trastorno de personalidad, que se
manifiesta en quien lo padece por una defectuosa percepción de
realidades, incluida la propia. Aún cuando pueden ser varias las
causas que lo originan, la carencia de autocrítica puede llevarle a
comportamientos vergonzantes o a hacer el ridículo, ya que la falta
de autoconocimiento y sus graves déficits en Inteligencia Emocional,
le impiden relacionarse bien consigo mismo y con los demás.
El narcisista es una persona que se sobrestima, que precisa ser
admirado por los demás, a los que considera inferiores o desprecia,
muestra falta de empatía, se comporta de manera arrogante y no
tolera las críticas.
Cuando gobierna, considera que sus subordinados están a su servicio
y no al servicio de la nación, anteponiendo su interés por encima de
la legitimidad. Como su “estructura” de personalidad no acepta
límites, piensa que las normas son para ser cumplidas por los demás
y las transgrede sin conciencia de culpa.
El narcisismo se convierte en una amenaza peligrosa y perturbadora,
sobretodo en aquellos que administran el poder, pues su radio de
acción influye negativamente en la vida espiritual, la cultura y los
valores humanos de un país.
El Dr. Iñaqui Piñuel, autor de un interesante libro titulado
“Mobbing”, describe algunos de los comportamientos característicos
de una personalidad narcisista : “Idea grandiosa de su propia
importancia, fantasías de éxitos y poder ilimitados , necesidad
excesiva de ser admirados (culto a la personalidad), carece de
empatía, padece envidia pasiva o activa (resentimiento),
hipersensible a la evaluación de los demás (reactivo), viola códigos
éticos, a menudo manifiesta ser imprescindible, se auto atribuye una
gran visión estratégica, evita que otras personas se destaquen,
propaga la mediocridad para brillar sin obstáculos, desprecia a sus
colegas o subordinados y practica el hostigamiento psicológico
(descalificación, insulto, amenazas y burlas) como “armas” de
ataque, sobretodo cuando siente amenazado su Ego o desafiada su
autoridad”.
Con semejante “morral tóxico”, las perturbaciones y el daño que
suelen ocasionar a sus gobernados, se mide por los bajos indicadores
de Desarrollo Humano, el grado de ineficacia de las instituciones
públicas, la ausencia de desarrollo sostenido, la conflictividad
social y las escasas posibilidades para construir Capital Social. Un
gobernante narcisista nos aleja del círculo virtuoso de la
satisfacción por el desempeño, sabotea o disloca los niveles de
motivación al logro, nos lleva a la entropía, produce fatiga
psíquica, estrés, bajo rendimiento, desánimo y depresión.
Cuado la sociedad rechaza a un líder narciso, surge una parte sana
de sus entrañas, que comienza a enviar señales de alerta y a
desarrollar mecanismos de resistencia. Una muestra de ello es la
“activación” de mecanismos naturales de consistencia moral, aparecen
liderazgos preactivos que promueven la racionalidad, se inicia un
interesante proceso de revisión introspectiva, descubrimos nuevas
conexiones, reforzamos nuestros valores y sentimos la urgente
necesidad de desarrollar espíritu de cuerpo, actuando cual
linfocitos, en defensa del cuerpo social seriamente amenazado.
Esperemos que, quienes han decidido renunciar a su autoestima para
convivir con el narciso, estén claros del los roles que les exige
tal opción : sumarse a la corte de aduladores, aplaudirlo hasta
sangrar por las manos, evitar formular críticas, renunciar al uso de
la inteligencia, adoptarlo como padre para justificar sus maltratos,
celebrarle sus arrebatos o elogiar sus delirios y estar prestos a
brincar a cualquier hora y en cualquier lugar, so pena de que les
caiga la chupa..!!
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